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miércoles, 19 de octubre de 2016

Crónica Festival de Cine Fantástico de Sitges 2016 - 1ª parte


Sitges 2016 ya es historia y nos encaminamos al flamante cincuenta aniversario del año que viene, con Drácula como uno de los protagonistas del certamen. Esta 49º edición además ha tenido una serie de flamantes invitados como las ya leyendas del cine Max Von Sydow, Paul Schrader y Christopher Walken o mítos del fantástico y la acción como Bruce Campbell, Barbara Crampton o Dolph Lundgren entre muchos otros. También, como en cada edición, han venido invitados asiáticos de renombre como Dante Lam, Bae Doona o Takashi Miike, que aprovecha para rodar su nueva película en la villa catalana, por citar algunos.

En cuanto a las películas mi balance ha sido prácticamente similar al del año anterior; 45 películas vistas, siendo 3 de ellas de animación y 3 documentales (2 de ellos mediometrajes). Centrándonos en las películas asiáticas, han sido 17 las vistas con Japón a la cabeza con 5 películas, seguida de Corea del Sur con 4.

Top-16 (con 7 o más de puntuación):
  1 - The Handmaiden
  2 - Arrival
  3 - Hell or High Water
  4 - The Wailing
  5 - Under the Shadow
  6 - Swiss Army Man
  7 - Que Dios nos perdone
  8 - Shin Godzilla
  9 - Three
10 - Beyond the Gates
11 - The Age of Shadows
12 - Pyscho Raman
13 - Headshot
14 - The Mermaid
15 - Operation Avalanche
16 - 31

En las dos primeras crónicas reseñaré las cintas asiáticas, 18 en total, que pude ver en el festival, por orden cronológico:

 
 El segundo día de festival comenzaban las proyecciones asiáticas para un servidor, ausente el primer día casi en su totalidad por compromisos laborales. La primera elegida fue Shin Godzilla, una actualización del mítico monstruo gigante a raíz de su rehabilitación internacional con la producción estadounidense de hace dos años. En esta ocasión la película se muestra como un ejemplo de lo que pasaría si un monstruo gigante apareciera de repente en Japón y las consecuencias que ello acarrearía, especialmente desde el punto de vista político. La película no está exenta de crítica hacia los estamentos burocráticos y su incapacidad de hacer frente a situaciones límite. Pero no hay que asustarse, porque aunque se base más en los diálogos que en la acción, ésta no falta sobre todo en una parte final soberbia. Un buen modo de reiniciar la franquicia sin perder el espíritu de la misma.

Kim Jee-woon es uno de los directores coreanos más importantes de la actualidad que incluso ha dado el salto a Hollywood para dirigir a Schwarzenegger. Pero no hay que olvidar que su filomgrafía coreana es impresionante con éxitos como 2 hermanas (A Tale of Two Sisters) y la espectacular Encontré al diablo (I Saw the Devil). Ahora Kim nos lleva a la Corea ocupada por los japoneses, tema recurrente en gran parte de la producción coreana reciente y nos ofrece, más allá de lecturas políticas, un intenso thriller que pese a un pequeño aletargamiento en su parte central acaba explotando en la escena del tren, ejemplo de planificación al detalle.

Siguiendo con el cine coreano nos dirigimos a ver The Wailing, de un Na Hong-jin qué, a pesar de su corta filmografía, se revalida como un director de grandes hechuras. Aquí y a través de un policía semifracasado que se ve inmerso en una historia de asesinatos, posesiones, rituales y personajes oscuros nos habla de la religión, budismo y cristianismo, la ignorancia o el miedo y aversión a lo extranjero, encarnado por el ambiguo personaje japonés. Una trama en la que nada es lo que parece y que se ve beneficiada por un ejemplar uso de la banda sonora. Una película para volver a ver varias veces y conseguir descifrar sus simbolismos. 

La siguiente película nos lleva a revisar un hecho real; el asesinato de unos pescadores de nacionalidad china en el río Mekong. El gobierno del gigante asiático, con la ayuda de los de Tailandia, Laos y Myanmar, envía un comando de élite para buscar a los responsables y llevarlos a la justicia. Dante Lam, uno de los nombres más importantes del cine de acción hongkonés nos transporta en Operation Mekong, a este peligroso triangulo dorado y cuna del narcotráfico en el Sudeste Asiático, con una vibrante acción empañada por el uso de unos efectos digitales de no gran calidad. Mucho mejor en su primera mitad que no en la segunda, la película consigue su objetivo que no es otro que el de entretener.

Si el año pasado Sitges se enorgullecía de presentar en primicia mundial I am a Hero, basada en un exitoso manga, este año ocurría lo mismo con Museum, lo que elevaba las ganas de verla. Pero lamentablemente todo lo que pasaba con la estrenada el año pasado, una grata sorpresa, no ocurría con la de este año, un auténtico aburrimiento que comienza interesante con un villano misterioso pero que muy pronto revela su identidad y no puede ser más burdo lo que ocurre a continuación, siguiendo a pies juntillas el manual del psicópata de cine, convenientemente sobreactuado para enfatizar el desastre. Poca chicha para mucho bombo.

Y de psicópatas iba la cosa, porque la siguiente cinta asiática, el día después, sería Creepy, el regreso de Kiyoshi Kurosawa al thriller tocaba el mismo tema. Un policía, ahora reconvertido en profesor, tras un luctuoso suceso ocurrido tiempo atrás, intenta resolver unos asesinatos que no quedaron bien cerrados. Todo ello mientras se muda a un nuevo hogar y sus escarceos con un vecino extraño de humor cambiante y con el que su esposa tendrá un peligroso acercamiento. Kurosawa aparta vigor en su narración, pero de nuevo cuando todo se descubre comienza un paulatino bajón del que no llega a recuperarse del todo, quedando una película curiosa pero insuficiente para un director de su calibre. Algo decepcionante.

Este año el festival traía el regreso de varios pesos pesados, y uno de ellos era el gran Park Chan-wook del que siempre recordaré como me dejó la piel de gallina en el pase de Sitges de Oldboy. Tras su periplo occidental con Stoker volvía a su tierra natal con The Handmaiden, un regreso a los origines y a su seminal trilogía de la venganza. De nuevo, como The Age of Shadows, enviándonos a la Corea ocupada por los japoneses. Una joven ladrona profesional entra a trabajar como doncella en el hogar de una joven noble japonesa y su tío, un coreano asimilado. Poco a poco su objetivo de hacerse con la fortuna de la joven, junto con su aliado, otro ladrón y estafador que adopta la indentidad de un conde japonés, va cambiando por las circunstancias y su acercamiento a la joven. A partir de ese momento las intrigas y los juegos cruzados van sucediéndose a lo largo de las dos horas y media de metraje divididas, que no se hacen pesadas, en tres partes. Una película maravillosa de la que es mejor no destripar nada pero que consigue encajar a la perfección y plantea varias de las escenas de erotismo más bellas vistas en pantalla. Mucho se ha hablado del posicionamiento feminista o machista de The Handmaiden, dependiendo del lugar de proyección (Cannes o Sitges) o de la persona que la ve, pero en mi opinión Park Chan-wook está por encima de todo ello y solo juega con nosotros como con los personajes de la película.

Cambiando de tercio me dirigí a ver la nueva película de Makoto Shinkai, Your Name, ya aclamada en el Festival de San Sebastián. Mi primer acercamiento al director japonés de anime, uno de los más reconocidos a escala internacional, fue algo agridulce. Por un lado su originalidad fuera de toda duda y su apabullante imaginario visual son dignos de alabar, fuera de toda duda. Pero en cuanto a su narrativa, comienza a fallar en el último tercio volviéndose mucho menos agil que al principio y su estilo naif y almibarado se me antoja muy poco adecuado. Interesante sin más.

De Irán llegaba A Dragon Arrives!, una historia ambientada en 1965, años antes de que los islamistas se hicieran con el poder tras la Revolución de 1979. Mezclando el tono documental con el ficcionado, la película, que había cosechado muy buenas críticas, se convierte en una mezcla de ideas interesantes pero mal conjuntadas y con una cierta autocomplacencia más enfocada a agradar a los festivales de cine internacionales que a hilvanar algo con sentido. En resumen un film de imágenes bellas pero aburrida e inocua.

Continuará...

viernes, 31 de enero de 2014

Top 10 de cine asiático 2013

Hacer un top siempre es una labor difícil, y más con un cine como el asiático en el que ver películas en pantalla grande en España se convierte en toda una odisea. Contando además que varias de las que podrían haber estado en el top como las de Kore-eda, Yamada, ... se estrenaron tras mi marcha del país, ello se vuelve más difícil. Todas las que están en la lista han sido vistas en festivales; Sitges, Nits de Cinema Oriental o Mar del Plata. De todas formas la cosecha ha sido buena, aún sin contar con ninguna película que rozase la perfección si que la mayoría han pasado de lo entretenido hacia arriba conformando una selección más que interesante. Menciono, eso sí, Mother, de Bong Joon-ho, que no he añadido en la lista al ser una recuperación, pese a yo no haberla visto antes y que estaría sin duda en los primeros puestos de la lista. Los textos que incluyo son los mismos o variaciones de las reseñas que hice en su momento.

10. Blind Detective (2013), de Johnnie To


A pesar de un par de detalles chirriantes, como por ejemplo la excesiva duración, que hubiese ganado con 10-15 menos algo más de frescura y agilidad narrativa. Compensa, por otro lado con los cambios de localización entre Hong Kong, Macao y Zhuhai. No sería aventurado decir que la elección de la pareja Andy Lau-Sammi Cheng es vital para la película, por cuanto la química entre estos dos intérpretes es sencillamente brutal, no solo aquí sino en otras películas del director hongonés, cuyo máximo exponente podría ser Yesterday Once More.

9. Eega (2012), de S.S. Rajamouli y J.V.V. Sathyanarayana


Un joven asesinado vuelve reencarnado en mosca y dispuesto a vengarse del hombre que lo ha matado y recuperar a su novia, motivo del asesinato. A partir de ahí desenfreno, algarabía, diversión y ver a una mosca escribir en un parabrisas "Te mataré". Una película india que no abusa de los números musicales, que dura dos horas y cuarto pero que se pasan "volando" y que da una nueva expresión al termino español mosca cojonera. Y para rizar el rizo la mosca baila... y con coro.
8. Bright Day (2013), de Hossein Shahabi


En esta ocasión nos volvemos a encontrar un sistema injusto y una carrera contrarreloj por parte de una mujer por salvar al hombre que presuntamente ama, en un contexto socio-cultural y político represivo. Con un halo de optimismo moderado y un poso triste, la película es dura y tiene momentos (sugeridos) desoladores y demuestran que no estamos tan alejados en algunos aspectos como a veces nos intentan hacer parecer. Sin cargar las tintas y estableciendo la crítica de manera sutil cuando conviene y directa cuando es menester, Shahabi nos concede una reflexiva película construida con un relato dinámico sin parar durante seis horas de la vida de una persona. Y un descubrimiento, el personaje del taxista es una perla y un canto a la cooperación y a la solidaridad.

7. The Rocket (2013), de Kim Mordaunt


Co-producción entre Australia, Tailandia y Laos, lo que posibilita que esté en la lista, esta historia de un niño laosiano que junto a su familia se tiene que desplazar por la construcción de una presa, nos aproxima a lugares comunes de un cine más comprometido socialmente pero desde un punto de vista más comercial, pese a su ambientación en el país más bombardeado del mundo durante la nefasta guerra de Vietnam. Con un poso de amargura ya desde un demoledor inicio la película va narrando las distintas etapas por las que va pasando el niño durante su travesía tanto alegres como tristes o incluso de aprendizaje. Quizás el final podría haber sido distinto, ya que podría haber optado por otra resolución y aunque personalmente me parece bien como queda siempre quedará la incertidumbre.

6. Wu Dang, de Patrick Leung


Una exótica mezcla entre el cine pulp de aventuras, las películas añejas hongkonesas de artes marciales y la siempre estimulante magia que la ciencia no puede explicar que todo revuelto nos da un cóctel de muy buen sabor. Con frases de antología, humor efectivo y peleas espectaculares, nos hace volver a soñar con que el cine de cables y piruetas aún nos tiene mucho bueno que ofrecer. Vincent Zhao en el papel de prota está sublime como profesor experto en artes marciales con ese puntito de chulería sutil que hace las delicias de la fémina en la película (y seguro que fuera de ella también).

5. Our Sunhi, de Hong Sang-soo



Cierto es que Hong trata el mismo tema en sus películas con diferentes y mínimas variaciones, pero cuando son contadas de la manera correcta a mi me tiene en sus filas. Con las relaciones personales, el alcohol y el cine como temas centrales, en este cuarteto de tres hombres y una mujer, la Sunhi del título, arrebatadora en su sencillez, introvertida y valiente. A diferencia de Oki´s Movie, la narración es lineal, dividida en pequeñas partes hasta ese final en el parque tan bueno, y tan divertido. Y que decir de la música de la película, tanto la banda sonora, fantástica como la canción, omnipresente. Y es que repetirse en una filmografía no siempre es malo, como tampoco lo es repetirse en una misma película. Bienvenidas sean más obras iguales de Hong Sang-soo siempre que sean de esta calidad.

4. Drug War (2012), de Johnnie To



En esta ocasión To viaja por primera vez ( y por primera vez nos referimos a completamente en la película) a la China continental para ofrecernos una áspera trama policial contra el tráfico de drogas en la que Louis Koo y sobre todo Sun Honglei nos brindan unas interpretaciones sublimes con un telón de fondo menos glamuroso y más decadente si cabe que los bajos fondos de Hong Kong retratados por To en sus famosas películas anteriores. Una alegría reconfortante saber que el maestro ha conseguido burlar, en cierto modo, la censura del gigante asiático y crecer en su visión e interpretación del submundo criminal, sea a nivel local (Hong Kong) o más global (China), lo que, y si en el futuro hay cierta relajación en la censura china, nos podría hacer disfrutar de muchas más propuestas de este tipo a lo largo y ancho del territorio chino.

3. Big Bad Wolves (2013), de Aharon Keshales y Navot Papushado



Precedida por las elogiosas palabras hacia ella de Quentin Tarantino calificándola como una de las películas del año, no he podido más que llegar a la conclusión de que así es. Cierto es que no es sublime pero a caballo entre el humor negro y la acción, con gotas de reflexiones morales cumple y mucho, siendo deudora de muchas otras pero impregnándole un sabor propio, e incluso y de forma anecdótica, tratando el sempiterno tema del conflicto árabe-israelí en un par de diálogos. Y se beneficia de tener en su reparto en uno de los papeles protagonistas al gran Lior Ashkenazi, uno de los mejores actores de su país.

2. A Touch of Sin (2013), de Jia Zhangke

El regreso al largometraje de ficción de Jia Zhangke, tras el semi-documental 24 City y el documental I Wish I Knew (Historias de Shanghai). En esta ocasión abandonando su estilo más contemplativo en aras de una mayor dinámica, pese a seguir tratándose de un desarrollo que requiere su tiempo. Película de historias cruzadas con algunos nexos en común y ambientada en cuatro provincias chinas, Jia habla de la corrupción, la desigualdad, la sumisión, la prostitución, las condiciones de trabajo esclavistas, en un contexto de violencia explícita o a punto de estallar. Quizás una analogía de lo que en China puede pasar en un futuro y en una implosión que traiga de nuevo fantasmas del pasado. Podría destacar tantos detalles de la película pero me quedo con dos de ellos, uno en el primer segmento, con Jiang Wu disparando al hombre que maltrata a su caballo, y en el tercero con su actriz fetiche Zhao Tao, usando una pequeña navaja como si fuera una espada con movimientos marciales. Toda una declaración de intenciones de uno de los tiradores con bala del cine de su país y muy acertado en sus planteamientos.

1. Why You Don't Play in Hell? (2013) de Sion Sono


Desenfreno, locura, así se puede definir esta película de Sion Sono, siempre al límite (o incluso fuera), aderezado con una carta de amor al cine tremenda, y parodiando de paso el cine de samuráis y el de yakuzas. Con un prólogo que establece las bases de lo que sucederá a continuación, 10 años después, y antecedido por un anuncio de pasta de dientes pop que se repetirá hasta la saciedad, siempre de manera divertida, el director nipón construye la mejor película que he visto de él hasta la fecha y que curiosamente no ha sido tan valorada. Quizás por no ser tan destructiva como otras de sus obras y por su carácter festivo y cachondo. Hundiendo sus raíces en el imaginario japonés de lo clásico contra moderno o incluso cutre en algunos aspectos, si que se puede reconocer la mano del director japonés en el aspecto visual, tan cercano a sus otras películas.

jueves, 31 de mayo de 2012

Reseña: Esto no es una película

 

Es de sobra conocido por el cinéfilo más o menos informado, e incluso por otros sectores de la ciudadanía, del calvario que está sufriendo el reconocido director iraní Jafar Panahi con su condena de seis años de prisión y veinte sin poder realizar películas. El propio Panahi, con la ayuda de otro director con problemas, Mojtaba Mirtahmasb, decidió rodar este documento durante un par de días en su casa mientras esperaba la confirmación del veredicto.

Encerrado en su lujoso apartamento, Panahi va desde la angustia, como muestra la conversación con su abogada, hasta la reflexión sobre su situación y en un momento dado, pretende recrear en su salón la película que quería rodar cuando fue inhabilitado, un instante en el que se mezcla el propio documental con imágenes del director visitando la localización principal del proyecto frustrado. Manteniendo, pese a la situación, cierta ironía bastante sutil, se acaba derrumbando y llegando a la conclusión de que una película solo se puede contar por imágenes y no con una rudimentaria recreación. Poner secuencias de otras de sus películas en el DVD solo le produce una frustración inmensa al saber que probablemente jamás, al menos en su país, podrá recrear esa vida en una pantalla de cine y es en ese momento cuando vemos que la injusticia cometida con ese hombre le priva de lo que le gusta y sabe hacer, en definitiva de -prácticamente- su vida. Una vida acabada por designios políticos de un Estado empeñado en poner cortapisas a la cultura que sea crítica con el régimen. De todas maneras lo poco que alcanzamos a conocer de Irán tampoco nos invita a la reflexión puesto que los clichés y tópicos se acumulan por doquier dependiendo de a quien interese. Lo más que podemos hacer nosotros como espectadores es empatizar con el director, quien por otra parte puede ser utilizado a conveniencia por ciertos sectores y después abandonado a su suerte, lo que le acaba dejando en tierra de nadie. Una pena.

Panahi nos resuelve la ecuación con una parte final muy buena, toda la secuencia del ascensor, y sobre todo, la parte final fuera con los disturbios, que nos acerca un resquicio para que las cosas cambien, aunque desgraciadamente la violencia aparece en (casi) todas las revoluciones, ¿como mal menor a toda esa represión reinante en la república islámica?. Todo este segmento, con solo una cámara (y al principio con un iPhone), nos da una idea de la capacidad narrativa de un director del que esperemos, de una manera o de otra, poder ver volver al mando de un equipo cinematográfico para radiografiar la realidad de su país o de cualquier tema que en sus manos pueda ser interesante. Será señal de que los tiempos han cambiado (y para mejor), en ese país del Asia Central.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Crónica del Festival de Cine y Derechos Humanos de Barcelona 2012

 

Siguiendo un poco el recorrido de los festivales en la Ciudad Condal hemos tenido la fortuna de participar en la cobertura de un festival necesario, el Festival de Cine y Derechos Humanos, que se celebra simultáneamente en París y Nueva York. 

Aquí dejamos la reseña del Festival, para ver más propuestas o diferentes opiniones podéis entrar en nuestro otro blog, Cine Latino, con las crónicas de Daniel, o la inauguración por parte de nuestro amigo David del blog Lost Highway.


My Tehran For Sale

Marzieh es una joven actriz que vive en Teherán. Las autoridades prohíben su obra teatral y, al igual que toda la juventud en Irán, es forzada a mantener en secreto sus trabajos para poder expresarse artísticamente. En una "rave" clandestina, conoce a Saman, un joven iraní que vive en Australia y le ofrece una vía para dejar el país y poder continuar su vida sin miedo a nada.

Precedido por un corto bastante flojo, My Tehran For Sale es un fallido intento de denunciar la situación que se vive en Irán por parte, en este caso, de los artistas que se ven reprimidos a la hora de expresarse artísticamente por la censura y los mandatos islámicos llevados a un extremo asfixiante y agotador, en el que la única salida es el intento de salir del país. Farragosa y aburrida en la mayor parte de su metraje, un montaje caótico y la alternancia de escenas superfluas crean una mezcolanza de esas que gustan en Occidente tan solo por su crítica hacia un Estado anacrónico en muchos aspectos como el iraní, pero olvidando que la crítica no tiene que ser aburrida ni carente de interés. Lástima que algunos autores, no solo iranís, han descubierto el filón para ser valorados en Europa o Estados Unidos. Lo siento, pero el cine de denuncia es necesario, pero sin olvidar lo que es, un arte que debe ser cuidado.

Togetherness Supreme


Basada en hechos reales, Suprema solidaridad es la historia de Kamau, un artista que se rebela contra su padre y su tribu para reunirse con su amigo Otieno. Juntos se lanzan a un combate político para luchar contra la pobreza. Pero Kamau y Otieno se ven envueltos en el conflicto étnico que destroza el país. Además, ambos están enamorados de Alice, la hija de un pastor. Después de que las elecciones presidenciales sean impugnadas, los barrios populares se alzan y Kamau ve cómo su mundo se derrumba.

Antes de ver la película keniata, coproducida con Venezuela, dos pequeños cortos, Wrong Game, sobre niños soldado y de animación, nada que objetar, excepto que simplemente parecía un anuncio, y Gap, bastante justito, pero poco se puede decir debido a su corta duración, sin tiempo de desarrollarlo. En cuanto a la película en si, podemos decir que es bastante interesante. Toca un tema polémico y muy común en ciertos países, el fraude electoral y la situación en los barrios más marginales de las ciudades africanas, en los que miembros de diferentes etnias y con ancestrales disputas acaban siempre llegando a tristes desenlaces provocando miles de desplazados o bajo gobiernos discriminatorios hacia los otros. Togetherness Supreme es una película dinámica con algunas deficiencias, probablemente debidas a la falta de presupuesto y medios, pero que sale muy airosa por el talento de su director y la frescura de sus intérpretes, surgidos del propio barrio en el que se desarrolla la historia. 


Black Blood

Aquí vamos al revés, el corto es lo bueno y la película, lo malo. Objection VI es un corto basado en la historia real de un nigeriano y su deportación de Suiza el año 2010 con trágico desenlace. El uso de la cámara subjetiva durante el 99% del corto es un acierto y muy necesario para poder ver la situación desde el punto de vista del personaje y su drama. En cuanto a la película china, es una pena, pero las dos propuestas asiáticas que vimos son de muy mala calidad, si la iraní era floja, ésta directamente es patética, y me sabe muy mal decirlo. Aburrida, lenta, repetitiva, etc... si el director quería demostrar la soledad de una perdida aldea rural en China no hacían falta los planos largos de 5 minutos mínimo, se puede ser mucho más sutil sin dejar la cámara quieta todo ese tiempo y hacer que los intérpretes una y otra vez repitan el mismo ritual. Pero no, que sea una película aburrida y contemplativa no es suficiente, el director y guionista se empeña en hundirse más allá con la increíble previsibilidad de la cinta. Y no me vale que era lógico que pasara lo que pasa. Hacer cine realista no implica ni hacer cine aburrido ni previsible, lo que demuestra en todo caso es, o bien su nula capacidad de urdir una trama que interese lo más mínimo, o es que dándole el pescadito a los de siempreya se considere con el deber cumplido. Sin duda, una de las peores películas que he visto en mucho tiempo, o siempre.


Fish'N' Chips

Justo antes se emitió otro corto, Wir sind es leid wegzulaufen, sobre la situación en la región senegalesa de la Casamanza. Presentado por su director, Markus Rudolf, es un corto documental necesario pero precisamente corto al que le faltan elementos de juicio para poder valorarlo en su justa medida. En cuanto a la película chipriota es una apuesta sin duda comercial, con su mezcla de drama y comedia, pero que funciona bastante bien, y si bien le cuesta adentrarse en la raíz del conflicto o incluso en las consecuencias de hoy en día, más que una película sobre Derechos Humanos, es más un tratado sobre la identidad, ¿se es de donde se nace, de donde se vive, de ambos lugares?. Preguntas con difícil respuesta que probablemente difieran depende de cada caso en concreto, pero que se acentúan en la trama constantemente y que no se convierten en un cliché debido al equilibrio narrativo de la película y a los elementos cómicos que desdramatizan buena parte de los momentos más dramáticos. Interesante y bien hecha es la mejor película del festival de las que hemos visto, que nos deja un balance estable.

Como conclusión, comprendemos lo difícil que es aunar calidad y compromiso en un Festival de este tipo puesto que muchas de las películas hechas hoy en día en el mundo no pueden tener cabida, pero si que ha guardado un equilibrio. Y aún más, es un festival necesario para comprender y descubrir injusticias en el mundo que nos pueden ayudar a abrir un poco más los ojos.