miércoles, 8 de abril de 2015

Reseña: AGUAS TRANQUILAS

Estreno en España el 10 de abril


18 años después de convertirse en la cineasta más joven en conseguir la Caméra d'Or del Festival de Cannes, Naomi Kawase es una de las autoras japonesas más reconocidas a nivel mundial, al menos en el ámbito cinéfilo más autoral y festivalero. Aguas tranquilas es su segunda película estrenada en España tras El bosque del luto, hace poco más de siete años. Ponerme a enumerar sus película sería superfluo y carente de toda lógica, puesto que esta historia ambientada en la isla de Amami es mi primera incursión en el cine de la japonesa no teniendo referencias previas (y propias) de su trabajo. 


El cine asiático, o parte del cine asiático más bien dicho tiene su tempo, su manera de contar las historias de una forma más pausada y etérea. Una manera de narrar las historias poética en ocasiones e irritante en otras, sea debido a factores culturales y manera de vivir o a razones religiosas y filosóficas. Eso se ha convertido en algunos momentos en un fraude, en una manera de vender las historias a un occidente que anhela seguir viendo esa misma narrativa una y otra vez y que algunas veces resulta vacua y carente de interés. Valga el hecho de no ser realmente aficionado a este tipo de cine, si bien no todo me resulta así sino más bien el prefabricado.
 
En esta ocasión si entro en la historia, alejada de un protagonista alejado de los parámetros más japoneses, por decirlo de alguna manera, rebelde irrespetuoso hacia su divorciada madre, con la que vive y a la que no perdona su presunto romance con un hombre de la zona. Y entre esa historia, otra que nace, su amor por una joven compañera de escuela pero a la que su propia inexperiencia y rencor hacia su madre le hace no disfrutar de los primeros escarceos del amor y el sexo. El camino que tendrá que recorrer de sufrimiento en un entorno cerrado, precioso hasta que llega el tifón y luego convertido en una celda cuasi tropical no es sino un reflejo de una herida abierta sin sanar.


Lamentablemente el nivel baja a mitad de la cinta, de nuevo lastrada por una duración alargada de preocupante tendencia, y acaba con un final menos satisfactorio de lo previsto pero que consigue aprobar con nota. Una buena manera de entrar al universo de la directora.