Continuamos con la segunda parte de las crónicas del cincuenta aniversario de Sitges. En esta ocasión reseñaremos las películas americanas vistas, tanto del norte como del sur del continente.

The Bad Batch fue una de las producciones Netflix que se pudieron ver en el festival, y como la gran mayoría del sello del gigante del streaming podría haberse quedado en su plataforma. Diriga por Ana Lily Amirpour, que ya pasó por Sitges con la correcta aunque pretenciosa A Girl Walk Alone at Night, la distopía que tiene en el reparto a Jason Momoa, Jim Carrey o Keanu Reeves se convierte en un pesado aburrimiento con un par de horas de metraje que se hacen muy cuesta arriba.

Con Bushwick volvemos a la mediocridad. Rodada en un plano secuencia, la película nos muestra un presente alternativo en el que Estados Unidos es atacado lo que provoca que una joven con la ayuda de un personaje interpretado por el popular Dave Bautista, tenga que huir por la ciudad hasta intentar llegar a una zona segura. Con mimbres para poder ofrecer una serie B correcta la película se empieza a perder a poco de llegar a la mitad de la cinta y se convierte en un videojuego repetitivo que no aporta absolutamente nada nuevo.

La última producción estadounidense que pudimos ver con cierto criterio (en otras estábamos muy cansados) fue The Disaster Artist, parte de la maratón sorpresa del Auditorio y de la que sinceramente no tenía mucha idea. De hecho no conocía la historia de The Room, más que por algún comentario leído u oido por ahí. James Franco en su doble faceta de director y actor consigue algo extraordinario, y es que la disfruten por igual los "fans" de The Room (quizá en cierta medida un poco más que el resto) como los que no teníamos ni idea de su existencia. Su interpretación eclipsa al resto, y eso que su propio hermano Dave está muy pero que muy bien. Una película para repetir cuando se estrene en España.

En Poesía sin fin seguimos viendo la buografía audiovisual de Alejandro Jodorowsky, que la comienza justo donde acababa la anterior La danza de la realidad. Para lo bueno y para lo malo se trata de una película del polifacético artista chileno no apto para todos los públicos. Por fortuna es algo mejor, que tampoco mucho, que la anterior y se deja ver, pero me temo que no encajo muy bien con su manera de narrar. En el apartado técnico y fotografía si se merece un diez ya que todo encaja a la perfección.
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