lunes, 9 de noviembre de 2015

Crónica Festival de Cine Fantástico de Sitges 2015 - 1ª parte



Una edición más del Festival de cine fantástico de Sitges ha acabado y tan solo restan dos para la número cincuenta. Una edición que se ha significado por acabar con uno de los problemas más acuciantes como han sido los retrasos, que en esta ocasión han sido puntuales. Aligerar el número de películas y habilitar la sala Tramuntana han sido decisiones cruciales y acertadas sin duda.

Sobre la calidad de las películas y como sabemos que cada uno tiene sus gustos, diré que desde mi perspectiva no ha habido películas sobresalientes y en su mayor parte el nivel ha sido regular e incluso mediocre. Esto no es una crítica a la programación de festival ya que es imposible encontrar tantas buenas películas, ya no solo de género, aunque si pienso que se debería limitar algo más tanta paja o incluso algunas propuestas que no deberían estar en Sitges.
 
Mi balance del festival ha sido el siguiente; 48 películas vistas, 3 de ellas de animación y 1 documental. Asiáticas he visto casi la mitad del total, 22, con Japón como país dominante con 10.

Mi top-12 es el siguiente:

  1 - The Invitation
  2 - Youth
  3 - SPL II: A Time for Consequences
  4 - Yakuza Apocalypse
  5 - Gangnam Blues
  6 - Green Room
  7 - Schneider vs. Bax
  8- Ryuzo and His Seven Henchmen
  9 - I Am a Hero
10 - Baahubali: The Beginning
11 - The Dead Room
12 - The Devil's Candy

En ésta primera crónica reseñaré las películas del top 12 de menor a mayor y en la segunda parte las películas asiáticas (excepto las reseñadas aquí):


Mirándose en el espejo de Rob Zombie, The Devil's Candy y su atmósfera malsana irrumpe con fuerza pese a irse deshinchando hasta arribar a un final algo desvirtuado. Pese a todo funciona y sorprende el rol de su protagonista, Ethan Embry, ya completamente alejado de sus papeles de finales de la década de los 90. Como otro punto negro está el desaprovechar al gran F. Murray Abraham y a su personaje que acaba simplemente siendo un cameo sin importancia.

De Nueva Zelanda llegaba The Dead Room, en principio una película puente para no quedarse en la calle y, si bien no inventa nada nuevo sobre el trillado tema de las casas encantadas, su factura técnica, su reparto completamente creíble y los sustos bien conseguidos acaba convirtiéndose en una de las sorpresas agradables del festival e incluso su final, a pesar de la previsibilidad, sobrecoge. Una buena película de una cinematografía prácticamente desconocida.


La locura india del festival tiene nombre, Baahubali: The Beginning, un festival de humor, acción, romance, mitología y traiciones de mano del director de la genial Eega. Una tragedia épica con presupuesto millonario y sazonada con las consabidas canciones y batallas irreales pero completamente preparada para hacer disfrutar al respetable. Obligatorio dejarse llevar por la película y el ambiente o se puede pasar mal. Esperamos desde ya la segunda parte para 2016.

En la época dorada de los zombies no podía faltar la aportación japonesa en forma de película. I Am a Hero, versión en imagen real de un famoso manga, nos hace seguir a un mangaka con una vida triste hasta su transformación en héroe a su pesar, gracias a su habilidad en el tiro de competición. Acompañado por una joven colegiala semi-zombie, sus aventuras volvieron loco al festival y más teniendo en cuenta su concidión de premiere mundial. Un disfrute al 100%.

Con Ryuzo and His Seven Henchmen, Takeshi Kitano, que se reserva un pequeño papel como policía, nos ofrece una crónica de unos yakuza ya retirados que desean volver a recuperar su forma de vida, pero qué se encuentran perdidos en un nuevo mundo y con nuevas maneras de hacer las cosas. Una crónica que al fin y al cabo se puede extrapolar al propio Kitano como director y es que su tiempo ya ha pasado y él es consciente de ello. A pesar de que aún puede hacer buenas películas, y ésta es prueba de ello, el fulgor del pasado ha desaparecido y solo queda el recuerdo en un mundo que cambia constantemente sus gustos. Un canto del cisne a una manera de ser y de hacer cine en una película muy personal.

Hace un par de ediciones, Borgman, fue galardonada con el premio a mejor película del festival. Su director Alex van Warmerdam volvió este año con Schneider vs Bax, un enfrentamiento entre dos asesinos a sueldo mucho más accesible que la anterior película pero envoltada de ese humor negro característico. Las interioridades y la vida privada de los asesinos interfiere en sus planes ofreciendo un novedoso punto de vista a este tipo de películas. 


Con la interesante Blue Ruin, Jeremy Saunier ofreció detalles interesantes que expande en una más accesible Green Room, odisea de un grupo musical en una gira de, literalelmente, supervivencia. Si bien es superior a su anterior película peca de cierta precipitación hacia el final con muchas ganas de dejarlo todo atado y bien atado. Su primera parte es arrolladora visual y violentamente con momentos gloriosos de cara al respetable. Un acierto poner al (casi) siempre afable Patrick Stewart en el rol de patriarca de los malos de la película. Y es que al final hay que tener cuidado de dónde y para quien se toca.

Una de las virtudes de las películas surcoreanas es qué a pesar de su caracter comercial suelen tener parte de crítica social hacia el modelo surcoreano que pasó a protagonizar uno de los más rápidos crecimientos económicos mundiales por lo que fue conocido el país como uno de los cuatro Tigres Asiáticos (junto a Taiwán, Singapur y Hong Kong). En este caso las especulaciones inmobiliarias que convirtieron las zonas rurales adyacentes a Seul en el vibrante distrito de Gangnam, uno de los más ricos de la ciudad y popular internacionalmente por la canción "Gangnam Stle" de Psy. Articulada en un thriller en el que dos hermanos acaban separados y en bandos diferentes, los juegos de traiciones y engaños llegaran hasta las máximas consecuencias. Algo farragosa en su desarrollo Gangnam Blues no deja de ser uno de lo thriller más potentes del año.


"Totó, me parece que ya no estamos en Kansas"... así se podría definir el recibimiento de Yakuza Apocalypse, el Miike más loco, el de sus inicios, el de las películas sin sentido. Si hace unos años eran jaleadas con locura, ahora cuesta encontrar apoyo, quizás por indolencia, quizás porque el momento ha pasado o Miike ha malacostumbrado con sus Hara-Kiri o derivados. Pero lo importante es que el bueno del japonés nos trae una experiencia lisérgica con vampiros yakuza, ranas luchadoras y cazavampiros estrafalarios entre los cuales tenemos al indonesio Yayan Ruhian, inolvidable Perro Loco de The Raid. Una imprescindible cinta a la que la pregunta ¿de qué va? puede ser respondida con un "no sé, pero da igual".

SPL, rebautizada como Duelo de dragones en su versión videográfica editada en España, se reveló como una gran cinta de acción con un binomio Wilson Yip (dirección) y Donnie Yen (en la acción) que siguió dando grandes momentos con la saga Ip Man. Acompañados por Simon Yam, Sammo Hung o Wu Jing aquella película se elevó por encima de la acción para construir una trama sin fisuras. Ahora llega la "segunda" entrega, y la razón del entrecomillado es no tener relación argumental ninguna con la primera. Repiten solo Simon Yam y Wu Jing,  con WIlson Yip en tareas de producción. Dirige con mano firme Soi Cheang con Louis Koo y Zhang Jin como villanos y sustituyendo a Yen la otrora estrella de Ong-Bak Tony Jaa. Mucho menos agraciada argumentalmente que la original, esta SPL 2 (que afortunadamente también tendrá distribución en España) ofrece un festival de mamporros y disparos al límite. Atención especial al plano secuencia en la cárcel, una auténtica gozada visual.

 

La segunda en el top es la típica película de prestigio pero que uno se pregunta que hace realmente en Sitges más allá del lustre. Se trata de Youth, la nueva propuesta del extraordinario Paolo Sorrentino que tras apabullar a gran escala con La gran belleza se internacionaliza con un trío protagonista de excepción; Michael Caine, Harvey Keitel y Rachel Weisz, acompañados de un eficaz Paul Dano. De nuevo nos encontramos con una reflexión sobre la vida, el vacío existencial y las decisiones tomadas, no siempre (o casi nunca) acertadas. Atención a ese humor que se apodera a ratos de la pantalla, en especial el que atañe al sosias de Maradona o al interés romántico del personaje de Weisz, el excéntrico escalador.

Y por una vez coincidí con el jurado y la que considero mejor del festival también recibió el premio a Mejor película. Y esa es The Invitation, ajustada, tensa, con el mal rollo en el cuerpo, imprevisible en su previsibilidad, una bomba de relojería... o no. Alejada del fantástico pero no del espíritu del festival y con uno de los mejores planos finales vistos hace tiempo en una sala de cine. Una película de la que no merece la pena contar nada y dejar que se disfrute y se descubra. Jamás Karyn Kusama (a falta de ver Girlfight) estuvo mejor, ahí están los engendros de Jennifer's Body y Aeon Flux para atestiguarlo.